Bitácora de proyecto
Cómo integrar boletos, mapas rotos y muestras de tela en las páginas de una bitácora ilustrada sin que el cuaderno pierda aire ni estructura.
Cuando el viaje termina, sobre la mesa quedan boletos de tren, etiquetas de equipaje, hojas secas y retazos de tela comprados en una feria. Todo eso pesa y ocupa. Si se pega sin criterio, la página se hincha, el lomo se deforma y el cuaderno deja de cerrar. La consigna fue archivar sin destruir el soporte.
Primero la escritura: la página se escribe completa antes de pegar nada. Después la imagen impresa, ya sea un sello, un linograbado o una fotocopia. Al final entran los objetos: boletos, telas, hojas. Ese orden evita tener que escribir alrededor de un bulto ya fijado.
Seca rápido y no aporta humedad. Sirve para papeles finos, pero con el tiempo amarillea y no admite corrección: lo pegado queda pegado.
Más flexible y reversible con humedad controlada. Hay que diluirla y esperar entre veinte y treinta minutos antes de cerrar el cuaderno, o el papel se ondula.
Buenas para sujetar telas y objetos con volumen. Se pueden retirar con cuidado y dejan una huella que también forma parte del registro.
Los bultos se reparten de forma alterna: si una página lleva una tela gruesa, la siguiente va liviana. Así el lomo no se carga de un solo lado. Cuando una hoja ya no cierra, se corta con bisturí y se reintegra con una tira de papel japonés, dejando la costura a la vista.
El error también se documenta. Una prueba de bordado sobre papel de bajo gramaje que se rompió quedó pegada tal cual, con una nota al margen. Ese registro explica mejor el proceso que cualquier página terminada.
La bitácora quedó como un archivo material: cada página conserva el peso y la textura de lo recolectado, sin perder la escritura ni la ilustración de base.
El collage dejó de ser decoración y pasó a ser método de conservación. La serie completa de bitácoras se puede recorrer en proyectos, y el proceso de estampado que acompaña estas páginas está en linograbado para cuadernos de ruta.