Cómo convertir una caminata por la precordillera en una plancha de linóleo lista para estampar.
El linograbado obliga a simplificar. Lo que en el boceto es un cerro con sombras se convierte en dos o tres planos de talla, y ahí empieza el trabajo real: decidir qué se queda y qué se va. En la bitácora "Siete Lagos en goma" ese ejercicio se repitió seis veces, una por cada linograbado del camino entre San Martín de los Andes y Villa La Angostura.
Antes de tocar la gubia, el motivo pasa por varias pruebas de síntesis. Un sendero con curvas, un refugio de piedra, la silueta del lago Espejo al atardecer: todo se reduce a manchas y líneas que aguanten la talla sin perder identidad.
En frío la goma se endurece y la gubia salta. Trabajar a temperatura ambiente, con la plancha apoyada un rato sobre la mesa, evita cortes irregulares y accidentes.
Se limpia con paño húmedo y permite corregir el entintado sin ensuciar la página del cuaderno. Sobre papel ahuesado de 48 páginas, el secado es rápido.
Entre papeles libres de ácido, sin apilar planchas entintadas. Así el bloque se reutiliza después para variantes de color sobre la misma huella.
Las tapas son de cartón entelado y la costura es a mano, con hilo encerado. Cada linograbado se estampó directo sobre la página, y alrededor se sumaron sellos de huellas de aves locales, notas de campo sobre el sonido del agua y los aromas a coihue, y fragmentos de papel de diario pegados con cola vinílica diluida.
Los mapas dibujados a mano completan el recorrido: no buscan precisión cartográfica, sino dejar registro de las etapas y de los puntos donde valía la pena detenerse.
Para ver cómo se aplica el mismo criterio a la cartografía dibujada, conviene revisar el sistema de sellos modulares para mapas. Y si la idea es sumarse a un taller presencial, la información está en la página de contacto.